Aprender a meditar: 5 miedos o excusas que nos limitan


  1. “No tengo tiempo, y no sé cómo.”

Elige un lugar y un momento, al principio antes de que tengas el hábito debes establecer una rutina, aunque sea una vez a la semana y así no lidiar con tu fuerza de voluntad cada vez que quieras meditar.

Incluso los períodos cortos de meditación pueden ser transformadores.

Lo importante es que has decidido comenzar a practicar la meditación y eso es un paso importante.

Puedes ir a clases de meditación guiada con un profesor o combinarlo con tu práctica de Yoga, de esta manera la conciencia al cuerpo y a la respiración que aporta el Yoga será un paso previo que facilite a tu mente abordar el estado meditativo.

2.     “Tengo miedo de estar a solas con mis pensamientos.” 

La meditación puede liberarte de los mismos pensamientos que estás tratando de evitar.

Aunque surjan pensamientos que nos incomodan, al meditar podemos darnos cuenta que la mayoría carecen de poder, ya que la meditación nos da la capacidad de observar estos pensamientos de manera objetiva, como si no fueran nuestros.

Mediante el entrenamiento de la atención plena podemos reconocerlos como malos hábitos aprendidos hace mucho tiempo. Y al igual que los incorporamos a nuestra personalidad, podemos deshacernos de ellos.

3. “No lo hago bien”. 

No hay manera “correcta” de meditar. Además, la meditación nunca debe ser considerada una técnica externa que nos imponemos como si fuésemos al gimnasio o a clases de inglés.

Se trata de descubrir algo que siempre ha estado en nuestro interior. Con un profesor o guía adecuado podrás encontrar esa puerta que abre un lugar en el interior de tu mente dónde lo ves todo claro y dónde encuentras la serenidad.

4. “Mi mente está demasiado dispersa … No sacaré nada de ella.” 

Hay que dejar de lado las ideas preconcebidas y las expectativas. Las expectativas conducen a emociones que actúan como bloqueos y distracciones.

Es un error común tener una meta o un objetivo con la meditación: frenar el estrés, conocernos en profundidad, aprender a controlar las emociones… al imaginar que sabemos a dónde nos llevará meditar, creamos conceptos fijos que empañan la experiencia real.

La mejor manera de debutar en la meditación es con una total apertura mental.

5. “No tengo suficiente disciplina para seguir con ella.”

Ya has comenzado, has vivido tu primera experiencia meditativa y quizá no ha ido cómo esperabas.  Ya sabemos que ideas preconcebidas no ayudan a la meditación, ya que limitan la experiencia.

Lo mejor es ver la meditación como una práctica a largo plazo, en la que cada día cuenta. Es como si decidieras empezar a correr y te frustraras porque el primer día no pudiste acabar una maratón.

No pienses que no tienes fuerza de voluntad, porque ese pensamiento es limitador, obsérvate a ti mismo como un aprendiz que no tiene nada que perder, sino mucho que ganar.