¿Qué es el anclaje en la práctica de la meditación?


Muchas veces nos preguntamos, ¿por qué es que el simple acto de meditar, sentarse y respirar, puede convertirse en algo tan difícil?

Incluso si estás asistiendo a un programa de meditación guiada donde tienes a un profesor dando instrucciones, sigue siendo complicado meditar.

Tus pensamientos no paran, te asaltan planes y recuerdos, tu mente siempre está activa. Después de todo, ha sido diseñada para pensar, así que realmente, solo está haciendo su trabajo.

El problema viene cuando concebimos meditar como el acto de dejar de pensar, o ese consabido “dejar la mete en blanco”. Esto nunca va a suceder. Al igual que nuestra respiración nunca se detiene, tampoco lo hace la mente.

El mayor desafío en la meditación por lo tanto no es no pensar, sino ser consiente de que se está pensando, mantenerse presente. Y para esto es para lo que nos ayuda tener un “ancla”, un lugar al que puedes regresar cuando tu mente se extravía.

El anclaje en la meditación es una herramienta increíblemente útil para todos los meditadores. Es un recordatorio que te hace volver, que te dice “atento”, “despierta”. En definitiva, un ancla en la meditación es un soporte que te permite recuperar la atención cada vez que estés distraído.

El ancla más obvia es la respiración, porque es muy accesible. Siempre habrá otra inhalación o exhalación en la que enfocarse. Contar las respiraciones es otra forma de mantener tu atención anclada. Sentir tu respiración transitando por tu cuerpo mientras meditas ayuda también a que tu respiración sea más profunda y te hacer más consciente de ella, con lo que te mantienes concentrado en el momento presente. Pero también hay otras opciones que te muestro a continuación:

El cuerpo. Usar las sensaciones de tu cuerpo también es otra forma de anclar tu atención. Notar el contacto de tu cuerpo con los elementos que te rodean, por ejemplo, si estás tumbado en una esterilla, puedes poner tu conciencia en los puntos de apoyo de tu cuerpo con la esterilla. Hacerte consiente de tu postura o de la manera en que estás relacionándote con lo está a tu alrededor.

Los sonidos. Para esto, pondrás toda tu atención en cualquier sonido que escuches. Te quedarás con ese sonido hasta que se desvanezca por completo, y luego irías a otro sonido. Pueden ser ruidos de la naturaleza o del entorno de dónde te encuentres meditando: voces, un radiador, pájaros, viento, un coche… La meditación nos muestra como una vez que silenciamos la voz interna, los sonidos a nuestro alrededor se vuelven mucho más prominentes.

Un mantra. Algunas personas pueden verse desanimadas de la meditación mantra porque a menudo las palabras cantadas están en otro idioma. Además, mucha gente puede tener rechazo a los mantras si piensan que tienen carácter religioso.

Pero realmente, la meditación con mantra es solo otro tipo de ancla para tu atención. Puedes decir lo que quieras y no tiene en sánscrito. El propósito es unir tu atención a las palabras. Se puede usar por ejemplo “Yo soy” como un mantra para la meditación. Es algo real, es simple y no está vinculado a nada religioso.

Esto ayuda a reforzar un sistema de creencias positivo para ti ya que motiva la aceptación.

Se pueden usar diferentes anclas en diferentes circunstancias, o quizá una vez que hayas elegido el ancla que funciona para ti, este se convierta en un elemento básico de tu práctica meditativa. Realmente no importa qué ancla elijas, siempre y cuando sirva como un recordatorio para volver al presente.